La nueva consigna de las Escuelas de Negocio es la innovación, aunque las opiniones generales son que para llevar la innovación al área estratégica de las compañías es necesario sacarse la corbata y bajar al lugar donde efectivamente se produce. Este año los resultados han sido medidos de forma milimétrica y se intuye que cada vez será más difícil la clasificación.

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Año a año, el ranking de Mba's en Latinoamérica se define de manera más milimétrica. Cada profesor suma, cada investigación cuenta, en especial en la disputa por los primeros lugares de la tabla. Porque las escuelas de negocios latinoamericanas tienen toda su capacidad institucional volcada en mejorar su oferta y competir en este duro mercado por educar a los más importantes ejecutivos latinoamericanos.


Por esto los recientes esfuerzos de Incae fueron suficientes como para que esta escuela de negocios centroamericana ascendiera un puesto, logrando igualar en puntaje a la mexicana ITAM. La publicación de 53 papers ISI durante 2011, la suscripción de convenios con la Universidad de St. Gallen y la UCLA, y los mejores resultados de San José y Managua en el ránking de ciudades de AméricaEconomía en 2011 –el que aporta la dimensión de Ambiente de Negocios de este ránking de MBA– fueron argumentos suficientes para alcanzar a la mejor escuela mexicana rankeada.


Sin embargo, Incae deberá hacer algo más si quiere alcanzar a la escuela de negocios de la chilena Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), que se afirma en el primer puesto por segundo año consecutivo. Esto gracias a una actividad de investigación más intensa, que se reflejó en la publicación de 114 nuevos papers  en journals indexados en el sistema ISI (contra apenas 88 en 2010), y gracias también a la contratación de nueve nuevos profesores full time, con el grado de doctor en algún ámbito del management. Otros movimientos interesantes en el ránking corresponden a la inversión de posiciones de algunas escuelas encumbradas en el listado. 


De tal modo, la mexicana Egade cobró el 4° puesto en detrimento de la Fundación Getúlio Vargas (FGV) de Brasil, fundamentalmente porque en 2011 la escuela de negocios del Tecnológico de Monterrey eliminó varias de las ineficiencias que se produjeron cuando en 2010 fusionaron las sedes de Ciudad de México y de la capital regiomontana. Esto implicó reducir la cantidad y proporción de profesores part time, los que ponderan menos que quienes se desempeñan a tiempo completo, y dar inicio en simultáneo a la campaña de acreditación ante los tres principales organismos internacionales: AACSB, Equis y AMBA. Algo que impacta en la dimensión de Internacionalización, pues éstos funcionan como habilitadores de desempeño profesional en los mercados de Estados Unidos o Europa.


La colombiana Uniandes y Universidad Católica de Chile protagonizan otro interesante round. Este año la escuela de negocios de Bogotá accedió al 6° lugar por un expediente parecido a los casos anteriores: más profesores full time con Ph.D., más convenios internacionales y acreditaciones, lo que implicó el desplazamiento de la chilena a la séptima posición. Similar caso al de la Torcuato di Tella(8°), que subió dos posiciones, fundamentalmente disparando su producción de papers ISI, y desplazando, de pasada, a su principal competidora en el mercado argentino: IAE, que se queda en el 9°.
Una fuerte competencia, que se define en cada detalle. Y que tiene en la innovación un nuevo eje programático.


 La nueva consigna de las Escuelas de Negocio es la innovación, aunque que la hora de innovar de América Latina no ha llegado con fuerza porque las escuelas de negocios y las grandes empresas de la región, las que en su mayoría pertenecen a sectores fundados en el siglo XIX, han descuidado las operaciones. 


Sin embargo, comienza a haber cierta conciencia en las escuelas de negocios. De la mano de los rutilantes emprendimientos tecnológicos, algunos directivos ven las carencias de formación de los MBA, donde se enseña poco de lo necesario para crear nuevos Mark Zuckerberg latinoamericanos. “De ahí nuestros esfuerzos por conectar nuestra escuela con las ingenierías, y la creación de una escuela de Diseño enfocada a crear nuevos productos y servicios para el mercado”, dice Alfonso Gómez, decano de la escuela de negocios de la UAI. 


También en Chile, la escuela de negocios de la Universidad Católica está buscando las sinergias al interior de esta casa de estudios, que es fuerte en ingenierías y ciencias. “Estamos buscando generar más doctores y más conocimiento, para que lleven a cabo la innovación dura, y se incorporen estas capacidades a la docencia y la transferencia a las empresas”, dice Alfonso Cruz, su director de Innovación.


En Argentina, la IAE también está en una senda similar, pero desde las bases de la innovación. “Disponemos de un 25 % de nuestro tiempo para investigar, a la vez que cada profesor tiene un presupuesto para ello”, explica Luis Dambra, director del programa “Liderando la Innovación y la Creatividad”. O el caso de la Universidad de Torcuato di Tella. “Lo que estamos intentando hacer es que los alumnos puedan pensar independientemente y no se queden con la estructura empresarial actual, donde las operaciones tienen menos valor, sino que busquen y valoren ideas que pueden mejorar los procesos”, dice su profesor Nicolás Stier, un Ph.D. en Investigación de Operaciones del Massachusetts Institute of Technology (MIT).


Un punto importante a considerar es que para que la gestión de la innovación deje de temerle a la suciedad y al polvo, el área de operaciones debe mejorar su posicionamiento en la empresa.  “Los gerentes de operaciones están perdiendo una posibilidad discursiva frente al CEO, los pares y el directorio, pues en promedio la mitad de los presupuestos están en su área. Por más que haya una estrategia de mercadeo, si el producto es defectuoso, costoso o sale fuera de tiempo, la empresa no va a poder competir de manera eficiente”, dice Roy Zúñiga, profesor de Incae.
“Actualmente la actividad de las empresas tiende a estar sujeta a los vaivenes del entorno. Lo curioso es que no se dan cuenta de la importancia de la innovación en su interior”, agrega Jorge Pancorvo, director del área de dirección de operaciones de la Universidad de Piura en Perú. 


Dos perspectivas académicas que se refrendan en algunas empresas. Carlos Gallego es líder de la comunidad de sinergia industrial del grupo Nutresa y presidente de la filial de servicios de esta empresa colombiana, donde conoció desde cerca el trabajo de gran parte de los trabajadores y entendió que la clave del éxito organizacional es poner énfasis en la innovación operacional. “En nuestro continente existe potencial creativo. Obviamente todavía hay mucho que hacer, pero hay que aprovechar los estímulos que existen y hacer que los ingresos sean altos debido a ideas innovadoras que permitan reducir los costos”, dice. Innovación blue collar, y tal vez menos glamorosa, pero altamente estratégica.




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